La salvación por la lectura

featured-40766

Por Mario Satz

La pequeña biblioteca del gueto de Varsovia en la que los niños iban a pasar las últimas horas de su vida acompañados por dos valientes maestros, mezclaba textos para iniciación a la lectura y viejos tomos del Talmud. Estaba en un subsuelo y era casi tan fría en verano como en invierno. Afuera, en la calle, el general nazi Jürgen Stroop, a la cabeza de los sitiadores, se pasaba la mano derecha sobre la gran solapa de su uniforme, hastiado ya de matanzas e incendios e intrigado por la feroz resistencia judía liderada por  Mordejai Anielewicz. Mientras el alemán pensaba, con nostalgia, en sus propios hijos, loando a la patria en la lejana retaguardia, cientos de criaturas  encerradas en el gueto oscilaban entre el terror y la desesperación. El general Stroop no podía oír las chillonas voces y llantos de los niños judíos que apenas si lograban deletrear los salmos que los maestros les señalaban con la firme mano de la fe. ¿Por qué había que seguir leyendo, estudiando, cuando la opresión era evidente y el fin indudable? ¿Por qué esos libros y no otros? ¿Por qué las figuras de Sansón y de Samuel coloreadas a mano por las generaciones previas, no les bastaban a los niños? ¿Por qué el mal se abatía sobre todos ellos?

-Leed, leed y el tiempo  pasará sin que se note-decían los maestros mientras repartían las pocas galletas secas que les quedaban, trocitos de queso rancio, mermelada de naranja y falsos mensajes de los padres que arriba luchaban contra los nazis. Estaban escritos a la ligera y decían: ´´No temas cariño mío, pronto iré a buscarte.´´ ´´Pórtate bien y estudia, estudia´´. Los maestros habían ideado ese consuelo, anotado esas fidelidades, escrito esas pocas palabras para hacerles ver que nadie se olvidaba de ellos allí abajo, encerrados en la biblioteca. Y mucho menos sus padres y abuelos, a quienes desde luego los tutores conocían.  Unos pocos niños, concentrados, lograban deletrear sus nombres; pero la mayoría  alzaba la cabeza hacia el techo al oír disparos y carreras, golpes secos y muebles que se arrastran. Uno de los maestros esbozada una sonrisa forzada y cantaba la canción del bosque en primavera, cuando aún hay nieve en los techos de las casas altas y las vacas sueltan un vapor caliente por los hocicos.

-Leed, leed-decía el otro-y la muerte se alejará de nosotros. Estamos escritos en el Libro de la Vida y las palabras son hojas que no se caen, frutos cuya dulzura no se acaba, flores que sostienen las ideas y los pensamientos.

Había que distraerlos, abrazarlos, crear espontáneos juegos que desplazaran su atención hacia zonas de certidumbre y amor. Había que limpiarles los mocos, secarles las lágrimas, ajustarles las bufandas y subirle las medias zurcidas. Había que nombrarlos en voz alta para que se convenciesen de que aún estaban allí.  Los maestros iban a los estantes a buscar más libros mientras sonaban los disparos y un griterío cercano  arañaba los cristales de las ventanas.¿Por qué y para qué ese desprecio constante, esa recurrente persecución? Las niñas se concentraban en la lectura mejor que los niños. Los niños armaban rompecabezas de colores más rápido que las niñas.

-Leed, leed-repetían, hojeando un  manual de oraciones, los maestros.

Trataban de no mirar con demasiada atención sus ojos infantiles para que los pequeños no percibieran que les estaban diciendo adiós con sus lágrimas; hacían sentar a los que se ponían de pie y ponían de pie a quienes se acurrucaban en el suelo convertidos en ovillos de pavor. La lectura era un refugio irrisorio, las melodías que apenas si conseguían articular no se sostenían más que unos pocos instantes.

La inminente tragedia rompía como una negra ola de furia asesina contra las casas y los muros.

-Dios de Universo-susurró uno de los maestros-, concédeles una muerte rápida e indolora.

-Amén-dijo el otro.

Y el fuego de las armas hizo el resto, y los sitiadores del gueto vomitaron su desprecio de pólvora, y las horas se devoraron unas tras otras hasta que el humo oscureció por igual los rostros de los muertos y las cabezas de los vivos.

 

Extraído de Mario Satz: Bibliotecas imaginarias (Acantilado, 2021)


Deprecated: ¡La función get_the_author_ID ha quedado obsoleta desde la versión 2.8.0! Usa get_the_author_meta('ID') en su lugar. in /home/hebraica/public_html/wp-includes/functions.php on line 6131

Deprecated: ¡La función get_the_author_ID ha quedado obsoleta desde la versión 2.8.0! Usa get_the_author_meta('ID') en su lugar. in /home/hebraica/public_html/wp-includes/functions.php on line 6131

Deprecated: ¡La función get_the_author_ID ha quedado obsoleta desde la versión 2.8.0! Usa get_the_author_meta('ID') en su lugar. in /home/hebraica/public_html/wp-includes/functions.php on line 6131

Deprecated: ¡La función get_the_author_ID ha quedado obsoleta desde la versión 2.8.0! Usa get_the_author_meta('ID') en su lugar. in /home/hebraica/public_html/wp-includes/functions.php on line 6131
Este artículo fue escrito por la Directora de Comunicaciones de Hebraica.

Categorías

Artículos populares

La Sociedad Hebraica Argentina cumple 100 años el 16 de abril, y hablar de su centenario es, en realidad, hablar de una parte sustancial de la historia social, cultural y comunitaria de la Argentina moderna. No se trata solo de una institución: es un símbolo vivo de integración, identidad, construcción colectiva y transformación.
Hebraica tuvo el honor, el sábado del 19 de julio por la noche, de recibir a Christine Folch, Prof. titular de la Universidad de Duke en Estados Unidos y autora del libro «The Book of Yerba Mate: A Stimulating History.»
El 16 de abril de 2026, la Sociedad Hebraica Argentina cumplirá 100 años. Y si hay alguien que puede aparecer como sinónimo de Hebraica es Mario «Chapa» Kuzniec. Chapa dialogó con Vis á Vis sobre su historia en el club como socio, como deportista y también como profesional. Qué significa Hebraica en su vida, la gente, sus amigos, las Macabeadas compartidas con sus hijos y la camiseta, entre «miles» de anécdotas.

Artículos recientes y sugerencias

El Grupo IAJAD organizó el sábado 23 de agosto un emotivo encuentro musical, en un regreso a nuestras raíces. El evento se vivió en un ambiente de gran alegría y entusiasmo, congregando a un numeroso grupo de amigos de IAJAD.
El pasado sábado 26 de julio, el Grupo IAJAD organizó una hermosa jornada para conmemorar el Día del Amigo en las instalaciones de Hebraica Pilar, con una propuesta que unió generaciones y desbordó alegría.

Notice: ob_end_flush(): Failed to send buffer of zlib output compression (0) in /home/hebraica/public_html/wp-includes/functions.php on line 5481